

La culpabilidad del City agita la asamblea de la EFC, que arranca presidida por el qatarí y con Laporta y Gil Marín presentes.
Todo parecía idílico entre los grandes clubes del fútbol europeo, todo olía a vino y rosas desde que el Madrid y la UEFA disiparon sus diferencias por la Superliga, hasta que la noticia de la culpabilidad del Manchester City por incumplimiento de las normas financieras de la Premier puede hacer remover de nuevo los cimientos del fútbol del Viejo Continente. Llega la decisión a horas de que mañana en Copenhague arranque la asamblea de la EFC (European Football Clubs), la antigua ECA. Presidida por Al Khelaïfi desde la escisión de los clubes fundadores de la Superliga -después volvieron salvo el Madrid, que aún sigue su camino por libre-, son más de 800 los que reúne esta asociación, entre los que se encuentra también el City. Las conversaciones y las miradas se centrarán en lo sucedido con el conjunto inglés, algo que de nuevo deja entrever que las reglas son para unos y no para otros, que algunos se ciñen a las normativas y otros no tanto. El City siempre fue sospechoso, al igual que el PSG. De los 114 cargos de la Premier contra el City, 54 son por contratos comerciales inflados a través de patrocinios ficticios vinculados a empresas de Abu Dabi. De eso mismo se acusa a Al Khelaïfi y al PSG, en su caso por lazos con Qatar. No deja de ser paradójico que el presidente de uno de los clubes dudosos sea también el de la asociación de todos los europeos. Suena raro. El qatarí tendrá en Dinamarca junto a él a sus grandes socios, entre los que están Ceferin, Gil Marín y Laporta. Sin embargo, apagar el incendio en otro de sus socios más poderosos supondrá problemas. Los 19 equipos restantes de la Premier estudian cómo reclamar el menoscabo sufrido todos estos años. De Gea puso el grito el cielo en redes: “¿Entonces, cuántas Premier he ganado?”. Hasta en Rumanía salió que el club más grande del país, el FCSB, estudia reclamar daños y perjuicios tras ser eliminado por el City en la previa de la Champions en 2016, con el consiguiente trastorno económico que supuso. En definitiva, un lío del que también Al Khelaïfi tendrá que dar cuenta.
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