

Exjugador del Real Madrid y del Atlético, el atacante repasa su etapa en el fútbol español en los dos clubes, así como el estado de la selección brasileña.
Algunos lo llamaron el eterno cedido y otros el fichaje invisible. El caso es que Rodrigo Fabri (Santo André, Brasil, 1976) llegó al Real Madrid como figura emergente a comienzos de 1998 a cambio de diez millones de euros tras destacar en la Portuguesa y ser convocado por su selección para la Copa América de 1997, título que conquistó con un equipo de ensueño. Mediapunta zurdo de 21 años en aquel momento, firmó por cinco temporadas, pero jamás llegó a debutar oficialmente. Hizo las pretemporadas, jugó amistosos, tuvo cinco cesiones y se marchó sin estrenarse. El precursor de Reinier. Justo después recaló en el Atlético tras un gran curso en Gremio en 2002, año en el que fue máximo goleador en Brasil, pero de rojiblanco también pasó de puntillas. Sin pena ni gloria. A pesar de ello confiesa tener afecto a ambos equipos... —¿Sigue dándole al balón? —Hago lo que puedo. Ya cumplí cincuenta años y hay que intentar mantener la forma. Ahora juego más al futvoley, que es un deporte muy exigente porque requiere potencia física, resistencia y buena técnica. Me gusta mucho. —¿La selección brasileña necesita una regeneración? —Sin duda. Ancelotti tiene trabajo. Ya hemos visto en el Mundial que Brasil está muy lejos de volver a ser la gran protagonista en las citas más importantes. Veo carencias técnicas en casi todas las posiciones porque las cualidades individuales de la mayoría de jugadores no se acercan ni de lejos a las que tenían los de otras generaciones. Para cambiar eso y recuperar el esplendor perdido hará falta tiempo. —¿Sin Neymar? —Hay que prepararse para el futuro. Neymar no va a llegar al próximo Mundial en unas buenas condiciones físicas y en mi opinión ya no debería ser convocado para empezar a trabajar con una nueva generación. Sinceramente no le veo en 2030 al nivel que hemos visto a Messi, Modric o Cristiano el pasado verano. —Se enfrentan dos de sus ex equipos. ¿De cuál guarda mejor recuerdo? —Una cosa es que no me fuera bien y otra ser desagradecido porque los dos apostaron por mí en un momento determinado. No es ese mi modo de pensar ni de vivir y tengo muy buenos recuerdos de ambas etapas, al menos en lo personal porque en lo deportivo no funcionaron las cosas como yo hubiera querido. No tengo preferencia por ninguno de ellos. —Usted llegó al Madrid en la etapa pregaláctica con el cartel de futura estrella. ¿Qué pasó? —Todo iba bien. Había estado a gran nivel en la Portuguesa y Zagallo me llevó a la Copa América 97 con una selección en la que estaban Ronaldo, Rivaldo, Romario, Bebeto, Mauro Silva, Cafú, Roberto Carlos y muchas otras estrellas. Llegué con muchas ganas a España, pero nada salió bien. —Tuvo otras ofertas importantes… —Sí. La Roma y el Deportivo de La Coruña, que estaba en un gran momento, también querían ficharme, pero elegí al Madrid por su historia y su grandeza. A la larga está claro que mi elección fue un error, pero en ese momento estaba convencido de mi decisión. Creo que en Italia o Galicia habría jugado con continuidad y me podría haber consolidado, pero mi camino fue otro. —¿Cuál fue el motivo? —Yo me veía con ganas e ilusión. Es verdad que la competencia era enorme, pero creo que merecí alguna oportunidad. Tuve de entrenadores a Heynckes, Camacho, Hiddink, Toshack y Del Bosque y ninguno me dio plena confianza. —¿Sintió frustración? —Mucha. Me cedieron a Flamengo primero y luego a Santos. En verano de 1999 me fui al Valladolid. Sabía que estaba cerca de Madrid y que me iban a vigilar casi a diario. Me salió una temporada buenísima a nivel de rendimiento, con muchos goles y asistencias. Estaba convencido de que me había ganado un puesto en la plantilla del Real Madrid, pero a la hora de la verdad me dijeron que no contaban conmigo y volvieron a cederme. Fui una situación muy compleja y desagradable. En mi lugar ficharon a Solari, del Atlético, que hizo una temporada bastante mala. —Dos décadas después se repitió su historia con Reinier… —Es cierto que son dos casos muy parecidos porque llegamos con muchas expectativas y no jugamos nada. Ahora él tiene 24 años y está intentando reencontrarse consigo mismo en el Atlético Mineiro. Lo está haciendo bien y el tiempo dirá si puede volver a la senda por la que iba cuando le llamó el Madrid. —Con su experiencia, ¿qué le diría a Endrick? —Veo que no cuenta prácticamente nada. Él es muy joven, cuenta como un pilar para la reconstrucción de la selección brasileña y tiene talento. Yo le diría que si no tiene muchas oportunidades, como está ocurriendo, lo mejor es que se vaya a otro equipo en el que pueda jugar y desarrollarse como futbolista. —¿Le sorprende que parte del público del Bernabéu silbe a Vinicius? —No es muy normal, aunque todos conocemos la exigencia del Real Madrid. Vini me parece un gran jugador, pero no lo considero un auténtico crack. Aun así, es lo mejor que tenemos en Brasil para el ataque. —¿Qué aportará Militão cuando regrese? —Muchas cosas porque es muy bueno. Es un central impresionante, aunque de lateral derecho, donde ha jugado alguna vez, no me gusta. Tiene experiencia, un gran físico y calidad. Su gran problema son las lesiones, pero si tiene continuidad marcará diferencias en su puesto. —¿A quién daría el Balón de Oro? —El Balón de Oro es un premio individual que debe premiar al mejor jugador. Para los títulos colectivos ya está el premio a mejor equipo. En mi opinión, Mbappé ha sido el mejor y el que más merece el Balón de Oro este año. —Último intento, ¿Real o Atlético? —Siento afecto por los dos. No deseo que gane uno más que otro así que un empate estaría bien para mí (risas)...
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