

Recital del ‘19’ en Wembley. Sacó su catálogo de variedades y volvió a postularse con siete remates, 16 pases en el último tercio, seis recuperaciones....
Noche grande, noche de Lamine, solía decirse la temporada de su explosión definitiva (2024-25) en el Barça: Real Madrid, Atlético, Borussia Dortmund, Inter... Antes ya lo había hecho en la Selección desde que se proyectó al mundo en aquel amistoso contra Brasil en el Bernabéu. Luego llegaron la Eurocopa, el Mundial... Y anoche un templo como Wembley. Era fácil sospechar que por el escenario, el rival, el día señalado con el estreno de la segunda estrella, y la cercanía del cierre de las votaciones para el Balón de Oro, a por el que se ha lanzado haciendo una campaña intensiva, el ‘19’ iba a jugar con un grado altísimo de excitación. Bastaron 104 segundos para comprobarlo. Sacó el libro de fútbol que enseñó en los parques de Mataró y, como un listo de siempre, de los de la calle, intuyó el movimiento que haría Guéhi, le robó la cartera y se puso por delante del central para hacerle ver que, o le dejaba terminar la acción, o le expulsaban. Luego, se acomodó para meter el interior de su pierna izquierda y batir a Trafford. Su gol, según informó el especialista en datos Mister Chip en su cuenta de X, fue el más rápido en Wembley desde uno que metió el escocés Tommy Ring en 1957. Va para 70 años. Lamine sí pulverizó la marca de Kluivert, que marcó con 19 años y 353 días en partido no amistoso en la Eurocopa de 1996. (todos los partidos internacionales son considerados oficiales) Otra vez, Lamine haciendo historia en su partido número 34 con la Selección. Los datos de su estreno en Wembley fueron demoledores: siete remates, cuatro ocasiones, 16 pases en el último tercio (el que más), seis recuperaciones y 26 conducciones. Bailó sobre Nico O’Reilly en la banda. Le sacó una amarilla después de hacer un sombrero. Sólo lamentó su falta de puntería, porque también dejó para el recuerdo un taconazo bello sobre un desmarque de Olmo. Dani disparó bien, cruzado, pero fuera. Lamine no paró en la segunda parte. Dos presiones suyas ayudaron a devolver al partido a España. Una de ellas fue el origen de la acción del 2-2. Mientras Kane, otro candidato, fallaba un penalti, él ayudó en defensa y, como dijo Baena, “convirtió en bueno “cada balón que recibía. No tuvo más recompensa, pero fue suficiente. Con su fútbol asombroso, dejó su huella en la Catedral. Dice Lamine en su campaña para ganar el Balón de Oro que es el jugador más divertido de ver. Con partidos así, se carga de razones. Anoche, en Londres, donde se entregará el galardón el próximo 26 de octubre, demostró que es ‘The Special One’.
Манчестер Юнайтед
Реал Мадрид
Барселона
Все комментарии