

Apabullante victoria de la Celeste ante la Corea del Sur de Robert Moreno en un primer tiempo de escándalo. Kang-In Lee puso el honor en el segundo tiempo.
La mejor Uruguay está de vuelta. Victoria implacable de la Celeste ante una diluida Corea del Sur (1-4). En su segundo partido al frente de la mayor, Diego Forlán obra un milagro, no solo por traer de vuelta la ‘garra charrúa’, sino por la forma de jugar. Los tantos de Darwin Núñez, por partida doble, Giorgian de Arrascaeta y Varela fueron el colofón para una noche mágica en Seúl. Kang-In Lee puso el del honor en el segundo tiempo en el primer revés de la era Robert Moreno. Tenía que llegar un técnico ‘de la casa’ para devolverle a Uruguay su identidad. Una que le hizo grande a principios de la década pasada, con un tercer puesto en el Mundial 2010 y la Copa América de 2011, competiciones donde el propio rubio fue figura clave de esos éxitos, y que en los últimos años se desvaneció por diversas razones. Tras un baile de técnicos tras la salida del histórico Tabáres y la oscura etapa de Marcelo Bielsa dejó a la Celeste en un brete. Con jugadores contrastados no se jugaba a nada. Hasta que Forlán tomó los mandos de la mayor. Su puesta en escena fue dura, con una triste derrota ante Japón, pero ya en Miyagi se vieron los primeros brotes verdes que hoy se materializaron en una rosa de Siria. Porque poco o nada tardaron en abrir el marcador. Pasado el cuarto de hora, De Arrascaeta robó en zona de tres cuartos para, en un toque, colocar un pase diagonal y dejar a Darwin Núñez solo ante el portero. No falló. Su grito llegó hasta Montevideo. Llevaba 823 días sin ver puerta con la Celeste, desde junio de 2024, en la Copa América. Una sequía anotadora que convirtió en vendaval. A la media hora, y a pase de Maxi Araújo, el propio De Arrascaeta se las ingenió para convertir desde la frontal el segundo. Un tiro que destacó más por su finura y colocación que por su potencia para aumentar la ventaja. Para colofón final, casi en el descuento. Varela se vistió de Maradona contra Inglaterra en un carrera de 50 metros para meterse hasta la cocina y, en un “yo me lo guiso, yo me lo como”, cerrar un primer tiempo sobresaliente con el tercero. Ya en el complementario Robert Moreno agitó el avispero. Cuatro cambios y la inclusión de Kim Minsu, que revitalizó a los locales a base de desparpajo y carisma. En apenas siete minutos cambió la cara a los coreanos con dos ocasiones, que de no ser por Fierman y Ronald Araújo hubieran puesto patas arriba el partido. Fallar ante Uruguay se paga caro. Robert Moreno lo sabía y más pronto que tarde lo iba a asumir. Cumplida la hora, y a centro de Varela, Darwin Núñez sentenció de cabeza con el cuarto y definitivo. Una exhibición como antaño, tanto de la Celeste como del hoy atacante del Diriyah saudí. En el ecuador del choque llegó la mala noticia. En una jugada sin aparente peligro, De Arrascaeta se resbaló con la tan mala suerte de doblarse el brazo. Sus gestos de preocupación eran claros, llevándose la mano a un antebrazo hinchado y con visibles gestos de dolor. Sin el diez, Uruguay cedió terreno. El suficiente como para que Kang-In Lee, desde la banda, materializara el tanto del honor. Un centro-chut envenenado que engañó a Fierman, todo un seguro de vida. En su vuelta, el rojiblanco fue la única nota positiva de Robert Moreno, al punto de casi despedirse con un doblete, pero la pelota ahí no quiso entrar. Uruguay sonríe. Al fin. Forlán ha devuelto la identidad a una selección masacrada y apaleada en los últimos años, con su orgullo por los suelos y en una búsqueda desesperada de resultados. Un equipo con una identidad clara, donde todos defienden en bloque, matan al contragolpe y hacen del juego aéreo su arma secreta. Un primer paso para devolver al orgullo de Sudamérica a lo más alto.
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