

Rodri, como capitán, terminó con una disparidad de criterios entre la RFEF y los jugadores durante el torneo.
Casi dos meses de convivencia dan para mucho. Para ratos de perfecta convivencia y para momentos de tensión por lo mucho que había en juego desde el inicio de la competición, que se prolongaron hasta el 19 de julio con la disputa de la final. En ese ir y venir es cuando se siente el peso de los líderes y en esta ocasión el que ejerció a la perfección ese papel fue Rodrigo Hernández y que fue el responsable de tener preparada el agua suficiente para apagar cualquier incendio. En plena recta final del campeonato y con la tensión competitiva presidiendo el día a día, apareció un problema o mejor dicho una disparidad de criterios entre la Federación y los jugadores. En medio de una pequeña discusión se alzó la voz del ahora azulgrana para dejar claro a todo el mundo cuál era la prioridad que debía hacerse valer. Sus palabras retumbaron e hicieron las veces de toque de corneta: “Aquí he venido a ser campeón del mundo”. Disparidad de criterios zanjada. Palabra del capitán. Su voz fue atendida por todos, demostrando, una vez más, que para ser el guía espiritual de cualquier grupo que se precie, no hace falta dar gritos ni gestos elocuentes. Esta Selección tenía y tiene un guía, como antes lo fueron Morata y Carvajal, futbolistas con peso y que han dejado huella en los dos lados (vestuario y dirigentes). El delantero logró acercar a todos e hizo de pegamento en muchas situaciones ante pareceres muy opuestos. Rodri, Oyarzabal y Unai Simón son los líderes de un grupo que ha demostrado saber entender cómo funciona la Federación y cuáles son las necesidades del vestuario, pero en todo momento poniendo en primer lugar el componente competitivo de un equipo campeón. La voz del centrocampista del Barcelona despejó dudas y marcó el camino a seguir. Quedó demostrado que Rodri había viajado a tierras norteamericanas a ganar el Mundial. Y bien que lo hizo levantando la Copa del Mundo al cielo de Nueva York en la tarde del 19 de julio. La ambición sigue viva en el vestuario. De la Fuente ha recordado a todos durante estos días que esa ambición no debe desaparecer, empezando por el partido de hoy ante Inglaterra. La Selección campeona en 2010, encadenó una serie de malos resultados a continuación. Se arrancó con un empate a uno ante México, para después ganar a Liechtenstein, ser goleada por Argentina (4-1), ganar a Lituania y Escocia y cerrar 2010 siendo goleada por Portugal (4-0). De la Fuente no quiere vivir algo así.
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