

El cuerpo técnico ve en Tchouameni la pieza que de orden y estabilidad al equipo. En Elche, pese al poco ritmo deportivo, fue el centrocampista más preciso.
No es un regreso más. Sino uno de los más esperados. Porque aunque Mourinho asevere aquello de que nadie es “imprescindible”, el asunto tiene letra pequeña. Tchouameni es algo muy parecido a eso. Tal vez la palabra sea más bien ‘vital’ o ‘esencial’. Pero el quid de la cuestión está claro. El cuerpo técnico lo ve como la pieza que de orden y estabilidad al equipo. Uno de los talones que está teniendo este Aquiles, tendente a agrietarse entre líneas. Una piedra angular para el proyecto. El plan general es inamovible: habrá muchas rotaciones, ante un calendario tan extenso. Pero en las noches importantes, sólo podrán jugar once. Y Tchouameni ostenta estatus de eje. Han sido días jugando al despiste. Práctica convertida en rutina esta temporada. “En Elche tendrá más minutos, sin duda. Cada vez está mejor, más fuerte, con más confianza. Jugará seguro, pero no diría cuánto”, deslizó Mourinho en la rueda de prensa previa. Desde Valdebebas se transmitía que el plan era que superase la media hora. Porque las sensaciones estaban siendo sobresalientes, pero en ningún caso se quiere asumir un riesgo de recaída. Y entonces, llegó el martes por la noche: Tchouameni, titular en el centro del campo. Junto a Valverde. Y para mucho, mucho más que esa teórica media hora que se le dibujaba. Disputó 86′, certificando la recuperación. Llevaba tiempo sin molestias en el muslo; la precaución era, principalmente, por ir introduciendo cargas competitivas de manera progresiva. Pero finalmente se apretó el botón rojo. Directo al ruedo. Y para firmar un partido de los que le refuerzan. Porque, pese a aún no estar a punto en lo que a ritmo competitivo se refiere, ahí están los números. Fue el tercero que más pases completó (40, sólo superado por Huijsen y Konaté; los centrales acostumbran a liderar esta estadística en todos los equipos, amén del peso que recogen en la salida de balón) y uno de los más certeros: firmó un 95,2% de acierto en pases (sólo superado por el 96,2% de Güler, contando medios y delanteros). Jugó casi todo el partido, retirándose sólo cuando Mourinho introdujo a todas las piezas de ataque en su all in particular por la victoria. Fue un mal partido del Real Madrid. Tras una notable primera parte, volvió al cenital la relajación de un equipo que pierde toda la competitividad cuando activa el modo avión. Y en ese desastre, Tchouameni fue de lo poco defendible. Responsable de cuatro recuperaciones, achicando aguas en un navío que innegablemente las hacía. Para haber sido un regreso tan abrupto −en función del plan inicial que se había dibujado−, dejó buenas sensaciones. Ha vuelto para quedarse. Esa es la cuestión. Que Mourinho lo ve, a largo plazo, como la figura que sume orden y control en el equipo. El cortafuegos que evite incendios cuando los rivales reciban entre líneas. Un jugador que, por lo pronto, apunta al derbi: tiene muchas posibilidades de ser titular en el Metropolitano. La decisión será una cuestión de evaluar su estado físico, tras tener cuatro días de descanso después de sus 86′. Buenas sensaciones. Y de ahí, a más. Francia y después, a ser la piedra angular del Real Madrid. La que une las líneas. El pegamento táctico. Tchouameni ha vuelto y no es un regreso más.
MU
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