

La versión dominante del Bernabéu se desploma lejos de él. En las cuatro salidas, van dos derrotas y dos dolores de cabeza.
Salir, sufrir. El rollo de siempre, respira el madridista. Resopla... y al día siguiente. El Real Madrid vive en el Bernabéu y sobrevive fuera de él. Son las dos caras de un mismo equipo. Uno de los muchos diagnósticos que refleja la resonancia del paciente tras los ocho primeros partidos. Cuatro han sido en casa y cuatro, fuera. Póker de plácidas victorias −sólo con el sobresalto del Inter− y póker de auténticos dolores de cabeza. Espanyol, Betis, Elche y Atlético de Madrid. En ese orden. Victoria en el 90′, derrota, victoria en el 91′ y derrota. Un asunto que lejos de solucionarse, parece enquistarse. Y que inevitablemente preocupa. Por un lado está la versión del Bernabéu. Apabullante. Con pocos peros; al menos, a nivel de rendimiento. El juego es otra cosa. El equipo lleva 20 goles esta temporada, de los cuales 14 han sido en casa. Tres de los cuatro partidos se solventaron con goleadas: 4-1 (Real Sociedad), 4-0 (Málaga) y 4-1 (Rayo Vallecano). El cuarto fue el del Inter, que pasó del temblor al runrún, pasando por el doble harakiri (2-1). Una montaña rusa de emociones. El Real Madrid sufrió más en el primer cuarto de hora, que en el resto del partido. Se podría decir que ganó con moderada calma. Sobre todo, si se atiende a la comparativa. Sólo seis goles en cuatro partidos a domicilio. Ninguno de ellos ha sido tranquilo; todo lo contrario. Dos derrotas: 1-0 (Betis) y 2-1 (Atlético de Madrid). Y dos victorias taquicárdicas, frente a Espanyol (1-2) y Elche (2-3). Epicentros de las tan comentadas ‘desconexiones’. Esos tramos en los que el equipo, como dice Mourinho, “no mata” y además, acaba pisando las arenas movedizas. Espí fue el salvador en ambos casos. Es el contraste entre la tendencia a la goleada en el Bernabéu y la tendencia al sufrimiento lejos de él. El Real Madrid ha marcado el 70% de sus goles en casa. Visto de otra manera: marca un 57% menos a domicilio. Menos de la mitad. Y eso que la comparativa es muy similar: lleva 79 tiros en casa (19,75 por partido) y 69 fuera (17,25). En general, genera lo mismo. Pero la efectividad es mucho menor. Esa es la cuestión. De hecho, es casi la mitad. Lleva 38 tiros a puerta en el Bernabéu (9,5 por encuentro), por los 23 de lejos de él (5,75). Conclusión: pese a disparar casi lo mismo, marca un 57% menos fuera de casa. Es otra versión. Es otro Real Madrid. Y quien mira al horizonte y atisba un Tourmalet, dadas las circunstancias: contando el Clásico, serán cuatro partidos seguidos fuera de casa. Barcelona, Racing de Santander, AEK Atenas y Valencia. En ese orden. ¿El motivo? La reedición de la NFL en el Bernabéu. Es el innegociable peaje que deben pagar los clubes por emplear sus estadios para eventos que no sean los partidos de sus equipos. Le sucedió el Atlético de Madrid con el Metropolitano a finales de agosto −al utilizarlo para varios conciertos, también tuvo que jugar cuatro partidos seguidos fuera de casa− y dentro de poco, llegará el momento del Real Madrid. La NFL en Madrid tendrá lugar el 8 de noviembre. Fin de semana de la salida a Mestalla. Encontrar la receta al virus que hace que el equipo pierda vigor a domicilio es fundamental para no descolgarse. O para no quemarse, porque se está jugando con fuego. En Valdebebas saben que uno de los problemas es el bajón al subirse al avión. Al jugar lejos del Bernabéu. “Me gusta jugar fuera de casa, ahí es donde ves la personalidad de los jugadores”, decía Mbappé en su entrevista con AS. Casi con total seguridad, el asunto no se reduce sólo a la personalidad individual, pero sí puede ser un comienzo. El primer paso para hacer que lo que está siendo sobrevivir, vuelva a ser vivir. Para que salir, deje de ser el rollo de siempre.
MU
Real Madrid
Barcelona
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