

Un gol de Oyarzabal culmina la remontada de España en Wembley. También marcaron Lamine y Baena. Kane falló un penalti con 2-1.
Wembley no es Nueva Jersey, tampoco Inglaterra es Argentina, así que lo único que dejó claro el debut de la Selección española en la Nations League es que el crédito de campeones del mundo hay que ir renovándolo partido a partido. Así se hizo. En una noche rara, sin fútbol caviar y con ciertos desajustes en defensa, La Roja hizo gala de esa fe inquebrantable que la ha llevado hasta lo alto de la pirámide. Los goles de Lamine, Baena y Oyarzabal propiciaron la victoria y el olé en la grada de los aficionados españoles. Hay que saborear como se merecen estos días de vino y rosas. ¿Cuánto pesa una estrella? ¿Qué valor añadido tiene más allá de llevarla bordada en la camiseta? ¿Te hace jugar mejor al fútbol? ¿Te da alas o por el contrario te bloquea? Esas preguntas buscaban respuesta en Wembley, el gran jardín del fútbol inglés y diríamos que mundial, un escenario en el que la Selección española reaparecía tras el título conquistado hace dos meses en Nueva Jersey. El rival era de empaque, Inglaterra, ante la que España ganó la última Eurocopa, un equipo que contaba con un aliciente extra: poner fin a la racha de partidos sin perder de los de Luis de la Fuente, 38 exactamente, desde el 2-0 ante Escocia el 28 de marzo de 2023. La victoria en la final del Mundial permitió arrebatar a Italia el récord. Thomas Tuchel tiene ante sí la difícil tarea de convencer a los aficionados ingleses de que un alemán es el más indicado para dirigir a su selección. Cuesta asistir a algo así cuando por ese banquillo ha pasado gente como Walter Winterbottom, Alf Ramsey, Bobby Robson o Terry Venables, tan ingleses como el fish and chips o Los Roper (sí, Los Roper, Internet puede ayudar a quien no tenga ni idea de quiénes eran George y Mildred). Tuchel sumaba 22 partidos al frente de Inglaterra, los datos lo encumbraban como el seleccionador con mejor porcentaje de victorias en el fútbol actual, pero el hincha no vive de datos, sino de gritos de alegría y el revés ante Argentina en el Mundial amenaza con escocer durante mucho tiempo. Por eso urgía dar la cara ante el campeón del mundo. Por lo pronto, Tuchel puso sobre el tapete toda su pólvora, en gran parte con acento de LaLiga, pues Bellingham y Gordon completaban el cuarteto de ataque junto a Saka y Kane. Casi nada. Enfrente, De la Fuente hizo tres cambios respecto al equipo titular que ganó el Mundial, con Nico por Baena, Ferran por Oyarzabal y Eric García por Porro, lesionado, aunque el azulgrana se cayó del once debido a unas molestias en la rodilla izquierda mientras realizaba el calentamiento. Fue sustituido por Pubill. Pero volvamos a lo de las estrellas, a si afecta o no al futbolista llevar una más en el pecho. A Lamine, por ejemplo, quedó claro que no le supone ningún lastre, que sigue igual de listo y con el añadido de ir afilando el colmillo a medida que se acerca la entrega del Balón de Oro. Cuando solo se llevaba minuto y medio de juego engañó a Guehi y le robó un balón en la frontal del área. Pese a la reacción y al ligero empujón del defensa del City, el azulgrana se plantó ante Trafford y le batió con una sutil rosca de zurda. La mejor reacción de Inglaterra fue apretar los dientes y morder. Anderson llevaba la voz cantante en esa presión ante la salida de balón de España, que pese a los apuros disfrutó de las mejores ocasiones de gol, las tres más claras en las botas de Ferran: una acabó en gol anulado por fuera de juego, las otras en parada de Trafford y en un remate demasiado cruzado. Saka crecía en ataque mientras que Bellingham pasaba inadvertido. Quien no lo hacía era Lamine, que en el minuto 34 regaló un nuevo pase a la tauromaquia: una especie de amago y chicuelina de tacón que dejó en posición de marcar a Olmo, cuyo remate se fue junto al poste. Pero Inglaterra derribó en dos zarpazos el proyecto de La Roja. Solo necesitó dos minutos. Primero, tras un resbalón de Nico que propició una contra vertiginosa que culminó Gordon después de una pared con Bellingham. Y después, gracias a una pifia de Cucurella, quien marcó en propia puerta un remate inglés que viajaba mansamente hacia la portería de Unai Simón. Hay veces en que los goles tienen el mayor de los efectos narcóticos y los dos de Inglaterra lo tuvieron. A tal punto que al volver de los vestuarios los internacionales españoles siguieron sin balón y sin alma. Inglaterra dispuso incluso de una ocasión clara para aumentar la ventaja con un penalti de Rodri sobre Bellingham (ahí ya se empezó a jugar el Clásico del día 25, pues el madridista puso mucho de su parte para que el VAR revisara la acción), pero el posterior lanzamiento de Kane se estrelló en el larguero. Vida extra para La Roja, en definitiva. A ello se aferró Baena, que a los cinco minutos de entrar en el campo en sustitución de Nico firmó las tablas con una nueva muestra de lo que mejor sabe hacer, rematar desde la larga distancia. Y, en una nueva muestra del acierto de De la Fuente en los cambios, también Oyarzabal, que había entrado en juego a la vez que el jugador del Atlético (en su caso por Ferran) y que certificó con su gol la victoria de España. Luego llegarían el tiqui-taca y los olés de la grada. Una bonita manera de cerrar la noche en un templo como Wembley.
MU
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