

El juicio al club inglés por la via deportiva genera preguntas sobre cómo se lleva en España los pagos del Barça al exvicepresidente de los árbitros.
Son dos casos diferentes, pero con la misma repercusión social-deportiva y que apunta más allá del ámbito local de un país. La realidad dice todo el planeta fútbol se siente afectado por lo que suceda con el desenlace de ambas situaciones. El City ya ha sido juzgado por lo que se considera (todavía sin sentencia ni castigo definitivo) 114 infracciones relacionadas con el ‘juego limpio financiero’ y que busca que todos los clubes de la Premier ofrezcan una imagen justa y fiel de cada club. Los cargos se refieren al período de ‘negocios’ que tuvo el club de Manchester entre 2009 y 2018. En esa amplia resolución del caso aparecen cinco incumplimientos a las normas de la UEFA sobre el control financiero. En 2020, el máximo organismo del fútbol europeo sancionó al club inglés con dos años de exclusión de la competición y 30 millones de euros por falsear los datos de los patrocinios. Sin embargo, el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) dejó el castigo en multa económica. El Barcelona y el caso Negreira es el otro gran escándalo que lleva merodeando en el mundo del fútbol en los últimos años. Espera sentencia judicial y deportiva. La primera, vía tribunales y la segunda, vía UEFA y su independiente comité disciplinario. El Real Madrid presentó cuatro meses atrás 50.000 folios en la sede de Nyon argumentando y detallando todo lo sucedido. Amplió información para que la UEFA tuviera argumentos para seguir adelante con ese informe nunca cerrado. La entidad madridista reclama sanción para el club catalán y la retirada de los títulos conquistados en el periodo que va del año 2001 hasta 2017. Ambas vías están abiertas. La primera, en los últimos coletazos del proceso de instrucción y de declaraciones en los juzgados de Barcelona, y la segunda, en estudio y análisis por parte de la UEFA. La Premier y sus clubes no lo dudaron. Mantienen que saltarse el control económico representa una competencia desleal hacia los otros participantes que se someten a las reglas. De ahí que la denuncia haya prosperado. En todo momento queda claro que no ha habido pagos directos de ningún tipo para beneficiarse de lo que sucedía en el terreno de juego. No han respetado las normas a las que el resto se someten. Los incumplimientos del City solo pueden obtener sanción en la disciplina deportiva, porque no son ilegales cuando se habla de negocios y empresas, en este caso clubes de fútbol. No se pueden llevar al juzgado como tal. No tendría recorrido alguno. Los pagos fuera de libros a jugadores y entrenadores, donde parte del sueldo supuestamente provenía de organizaciones externas vinculadas a los dueños en Abu Dabi, violar los límites de pérdidas permitidas por la liga inglesa disfrazando donaciones de los propietarios como ingresos comerciales o no colaborar de manera adecuada con los investigadores de la Premier League durante el proceso, son algunos de los casos por los que han sido declarados culpables, pero que en la vía judicial no tendrían opción alguna de ser considerado como sancionable. Sin embargo, los clubes ingleses ya se están organizando para reclamar al City las consecuencias económicas que las situaciones que se salen de lo marcado por los reglamentos deportivos hayan podido acarrear a cada uno de ellos y se las van a reclamar en sede judicial. Extremo que no queda descartado en España debido a la trascendencia de lo sucedido pese a que desde los organismos oficiales se le reste importancia. El caso Negreira es diferente. El Barcelona se defiende de la acusación directa de querer condicionar el resultado deportivo de una competición a través del sistema arbitral con pagos de dinero a los responsables. ‘Es lo más grave que ha sucedido en el deporte profesional en todo el mundo’ se ha escuchado en repetidas ocasiones. La justicia deportiva española, contrariamente a lo que sucede en el caso del City, no ha podido actuar debido a que lo sucedido ya había prescrito. Sin embargo, la demanda sigue abierta por la vía judicial. La UEFA, nunca cerró el caso. Siempre ha esperado a la decisión de los tribunales, pero ahora la vía de la sanción inmediata es la que ha pedido el Real Madrid con un argumento en forma de 50.000 folios. Visto lo sucedido en Inglaterra la pregunta es clara ¿Por qué allí sí que es posible la vía deportiva y aquí en España no? ¿Es el Real Madrid el organismo indicado en seguir adelante con la batalla y tenían que haber sido las instituciones oficiales las que insistieran? Ahora la UEFA permanece atenta a todo lo que está sucediendo con el City, cuya sentencia definitiva puede tardar todavía meses en conocerse. Descenso, pérdida de puntos, lo cierto es que el club inglés tendrá castigo de la propia Premier y repercusiones económicas y sociales, porque hay muchos equipos que no se van a quedar de brazos cruzados. El caso Negreira apunta más a la integridad y la moral. La UEFA podría haber dejado sin competir al Barcelona, tal y como refleja su reglamento (artículo número 7), por el hecho de la simple intención de alterar el orden natural de una competición, movimiento que, por otro lado, en cualquier momento podría llegar. Los que saben y han estado en comités sancionadores hablan de vía abierta en ese sentido y de una competición más justa si llega esa situación por el impacto ocasionado con lo sucedido. La UEFA prefirió esperar acontecimientos, que han llegado en forma de informe del Real Madrid. Eso podría llegar a sucederle al Barcelona cuando el fútbol español comprenda la gravedad de lo sucedido. La Juventus, por buscar otra referencia semejante, terminó descendiendo administrativamente en 2007, por influir en las designaciones arbitrales. Nunca se demostró que pagara dinero a nadie, pero sí que condicionaba todo con las designaciones.
MU
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