

El Barça se va, se repiten pecados defensivos y hay caso Vinicius. Sólo una vez remontó el Real Madrid seis puntos de desventaja contra un Barcelona líder.
La intromisión de Ortiz Arias en el derbi quedó plasmada en la ‘hoja arbitral’ con la que se presentó Mourinho en la sala de Prensa del Metropolitano, clavada en el tablón mental del madridismo, pero al portugués le toca en clave interna buscar soluciones a un inicio de proyecto que comienza a perder firmeza de manera visible. Y palpable, que el Barcelona se le escapa. En septiembre. El Madrid ha apostado todas sus fichas a un estilo intenso de correcaminos y Mourinho ha reforzado esa unidimensionalidad: protegerse y destruirte arriba. El dominio a través de los goles. Un plan claro, sin matices ni medias tintas. Todo o nada. Mourinho pidió compromiso, seriedad y efectividad desde el inicio a un grupo que necesitaba revertir rápido el mal rollo arrastrado con el Bernabéu del curso pasado. Su soltura en la pradera de Chamartín (cuatro goles a la Real, al Málaga y al Rayo) contrasta con las numerosas dudas en cuanto se ha subido al avión. Síntomas de descontrol camuflados porque Espí salvó al equipo en el descuento tanto en el RCDE Stadium como en el Martínez Valero. Pero en Elche, el preludio del Metropolitano, el equipo hizo crac por el medio durante la segunda parte y casi lo pagó carísimo. Pero faltaban las dos visitas a equipos nivel Champions y la propia Champions para desnudar algunas de esas carencias. En La Cartuja (1-0), el Betis resistió con el penalti parado por Vallés y encontró premio. Ante el Inter, ni el hara-kiri nerazzurro con el primer tanto blanco gracias a un error grosero de Bisseck y el segundo, esa pifia histórica de Josep Martínez a Valverde, evitaron sufrimiento final. Las nueve paradas de Courtois explican mucho. Es una acumulación de pecados colectivos e individuales. De los primeros, dos son patentes. El primero, lo del mediocentro-arquitecto, asunto ya que recuerda al del debate sobre el sexo de los ángeles en Bizancio y sepultado por un elocuente doble pivote Tchouameni-Valverde. El libreto es cristalino. El segundo, que pese a los tres fichajes en defensa (todos ellos, Konaté, Cucurella y Dumfries, titulares en el derbi) el Madrid sigue siendo igual de permeable que en el pasado reciente cuando le asolaban las lesiones. Quitando el Málaga, todos los demás contrincantes han superado a Tibu. El cómputo global son esos seis puntos ya con el Barça. Sólo una vez (en la 2006-07 con Capello) logró remontarle seis puntos a un Barça líder. Luego están los nombres propios. Mbappé pegó el frenazo en el Metropolitano (dos goles en seis derbis madrileños...) y hay una espina en el costado con Vinicius. Su esperada renovación no ha traído un impulso a su rendimiento (un gol en 625 minutos) y el Bernabéu no deja de escrutarle con el silbido cargado, disparando con una tremenda pitada cuando le cambiaron con el Inter. Diomande ha mostrando sus armas y las ha desplegado en la banda izquierda, la del brasileño, dejando más candente que nunca el debate de la titularidad del 7 durante este extenso parón... Pero asoman otras grietas. Algunas tan insospechadas como la versión desconocida de Cucurella ante el Atlético y otras en un jarrón que parecía arreglado con Loctite: Huijsen. Otro patinazo en el Metropolitano, lugar ya oficialmente maldito para él. Mourinho tiene trabajo.
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