

Un solitario tanto de Nsongo corta la racha de Costa de Marfil. El madridista, suplente, pudo empatar en un segundo acto soberbio.
No hay vida sin Yan Diomande. Costa de Marfil muerde el polvo ante Camerún (0-1) sin el madridista en el verde, suplente por decisión técnica. El solitario tanto de Nsongo fue suficiente para hace ver a Renard que el madridista es la piedra angular de los Elefantes en su proyecto. En media hora revolucionó el partido y por poco materializa un milagro que se queda en nada. Para Renard, en el último amistoso de este parón de selecciones no había por qué arriesgar. El equipo parece que funciona, especialmente con un Diomande que poco a poco va tomando el liderazgo en ataque, y el virus FIFA era el monstruo a evitar. Sin pensarlo, rotaciones masivas. El ambidiestro se quedó en el banquillo, para alegría de Mourinho y todo el madridismo. Su baja se sintió, tanto que Costa de Marfil mostró su desaprovación desde el inicio. El arranque tuvo tintes de siniestro total. El equipo de Renard no funciona. Le falta chispa, magia, con solo Lafont, Sangaré y el otro Diomandé, Ousmane, como únicos titulares sobre el verde. Más pronto que tarde llegaría el drama. Mbeumo se hizo grande. Gigante. Cada pelota que tocaban sus botas era una clara acción de peligro. Ni cinco minutos se habían jugado cuando el del United sirvió en bandeja de plata a Nsongo el primero, repelido por el portero franco-marfileño. Tarde de mucho trabajo iba a tener. Fue vital para mantener las tablas. Casi no parecía humano porque el primer tiempo fue suyo, con paradones a bocajarro a Namaso y Nagida. Si Costa de Marfil sobrevivió tanto tiempo fue por él. Pero, a pesar de no parecerlo, es humano y, como tal, a veces se falla. Porque el del United, en la primera que tuvo tras el descanso, enmudeció a Abiyán. Nada más comenzar la reanudación, de un pase improvisado a Namaso llegó el centro para el tanto de Nsongo, aprovechándose de un despiste de Diomandé en el corazón del área. De tanto buscarlo lo encontraron. Camerún necesitaba de un tanto así y ante un rival de nivel para olvidar el desastre del Mundial, torneo del que se quedaron fuera y no por nombres propios. Para Renard, el tanto fue un aviso y un despeje de cualquier duda habida y por haber: Diomande es intocable. Sin el madridista, el ataque se hunde. Y así, a la hora de partido, el madridista entró para tener su particular baño de masas en la capital económica del país. En su primera jugada tuvo su primer encontronazo. Tchamadeu le dejó la marca de sus tacos en el tobillo. No iba a ser un baile fácil, pero al madridista le gustan los retos. Media hora de destellos y magia. Partiendo desde la izquierda, como en el Madrid cuando Vini le cede el puesto, fue un auténtico quebradero de cabeza para Camerún. Aprovechando su velocidad endiablada y su técnica, hizo de todo en busca del empate. Un vendaval de jugada individuales, cambios de ritmo y centros que ni Bonny ni Sangaré pudieron aprovechar. A punto estuvo de rozar el milagro en una jugada individual, pero Simon le dejó sin premio tras un paradón al segundo palo. Diomande se reivindica en una noche difícil para los marfileños. No hay nadie como él. Superior al resto, su momento llegará.
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