

El espectacular rendimiento de Bellingham se prolonga en el superparón: lleva un gol y cuatro asistencias. Ante Croacia logró una puntuación histórica: 10.
El Hey Jude suena, suena y vuelve a sonar. Como esa canción que pega tan fuerte, que se repite en diferentes emisoras emulando y por momentos pareciera un eco. Que está en todas partes. Bellingham suma y sigue. A un ritmo de sobresaliente, ajeno a cualquier síntoma de que su gran arranque haya sido un espejismo. Se ha reencontrado con su mejor versión, cuando se ha reencontrado con su mejor posición. Y este rendimiento, espectacular de salida, se ha prolongado en el superparón. Un gol y cuatro asistencias con Inglaterra. Son sus números en cuatro partidos. Anoche, el último. También con Jude de titular. Es indiscutible. Está on fire. Tuchel ha extendido su estatus y disposición: juega partiendo desde la mediapunta, pero con libertad. Un diez con el diez a la espalda. No se pueden tener más detalles románticos. Ahí, Bellingham protagonizó un Mundial de Galáctico: marcó siete goles, siendo el tercer máximo anotador detrás de Mbappé (10) y Messi (8), e igualado con Haaland. Reapareció su versión llegadora. Depredadora. Un jugador que se aleja del timón para acercarse a los cañones. Bingo. Ahí, ha sido titular en tres de los cuatro partidos de este superparón (fue suplente y jugó 19′ ante la República Checa; su dosis de aire fresco). Porque venía de salir de inicio en siete de los ocho partidos del Real Madrid (Martínez Valero, único banquillo). Pese al ritmo, no se le atisban preocupantes signos de flato. Sí algunos de fatiga en los tramos finales, consecuencia del derroche físico que pone sobre el césped en cada partido, pero más por pisar demasiado el acelerador que por llenar poco el depósito de gasolina. Frente a España fue el mejor de Inglaterra con diferencia. Autor de la asistencia del 1-0 de Gordon y quien llevase el peso de los ataques en la recta final. Líder, con el brazalete en el brazo. En el tercer partido, contra Croacia, llegó la exhibición: un gol y tres asistencias en el humillante rapapolvo de Rijeka. Un 0-7 que llevó a Modric a pronunciar aquel “por primera vez en 20 años, siento vergüenza”. Inglaterra fue una apisonadora al compás de Bellingham. Autor de la asistencia del 0-1, 0-4 y del definitivo 0-7. Un pase raso con la derecha, uno de la muerte con la izquierda y un balón aéreo de 30 metros. Repertorio completo. Con la guinda de marcar el 0-2. Atacando el área pequeña con fiereza. Lo sucedido en Rijeka fueron palabras mayores. Y los portales especializados en estadística así lo quisieron reflejar: obtuvo una puntuación de 10. Redondo. Sin medias tintas. Partido sencillamente perfecto para los analistas. Generó cinco ocasiones y firmó cuatro regates, además de un 100% de acierto en pases al área y en centros. Según fue avanzando el partido, Tuchel lo retrasó para testarlo en la creación. Pero con Croacia desangrándose, los resultados del examen deben ponerse en cuarentena. Su presente está en la mediapunta. Pero en una con libertad. Luz verde para caer a las bandas, atacar espacios o retroceder hacia la creación cuando lo considere. En definitiva, soltarlo en el diez y confiar en su lectura del juego. Funciona. Partiendo desde ahí, ha marcado tres goles con el Real Madrid esta temporada. Uno cada 206′. Siendo el segundo máximo anotador del equipo, sólo por detrás de Mbappé (8) y por delante de Espí (2) y Vinicius (1). Sí es el máximo asistente (3), compartido con Vinicius y Güler. Es el que crea y agujerea. Sus cifras, a nivel de ritmo, no están lejos de aquella espectacular 2023-24. En su primera temporada, hizo 23 goles (uno cada 158′). Cercano al actual. A nivel de asistencias, aquel curso daba una cada 280′ (en total sumó 13). Ahora, cada 206′. Esto, lo está mejorando. Los síntomas son de reencuentro. De que Jude ha vuelto a ser Bellingham. Ese futbolista por encima de la media a nivel físico y con una lectura extraordinaria de los espacios. Del juego. Porque su arranque no ha sido un espejismo. Y este superparón lo confirmó. Está on fire.
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