

Pocos rincones del continente se escapan ya a sus tentáculos de captación, uno de los sistemas de espionaje futbolístico más envidiados del mundo.
Como si el fútbol de categorías inferiores fuera un tablero de Risk, en las oficinas de la RFEF en Las Rozas se despliegan mapas donde cada vez se cubre más territorio. Las picas ya no se clavan solo en los campeonatos territoriales Sub-14 o en las canteras de los grandes clubes de LaLiga; ahora los dados se lanzan los Alpes suizos, en los fondos de la Serie A o en las academias de fútbol británico. Pocos rincones del continente se escapan ya a sus tentáculos de captación, uno de los sistemas de espionaje futbolístico más envidiados del mundo. Hay futbolistas españoles que la Selección encuentra a miles de kilómetros de Las Rozas. Algunos juegan en grandes academias europeas. Otros ni siquiera han nacido en España. Los hay que han pasado por las inferiores de otros países. La RFEF ha convertido la búsqueda de talento seleccionable fuera de España en una parte cada vez más importante de su trabajo. El caso de Huijsen es probablemente el más conocido. Nacido en Países Bajos, criado en Málaga y formado en las inferiores de la Juventus, el central fue seguido por la RFEF cuando ya jugaba en Italia y era internacional con la Oranje desde su etapa Sub-17. La RFEF detectó que era seleccionable, se acercó a su entorno y acabó incorporándolo a sus categorías inferiores antes de que diese el salto a la absoluta. Hoy es internacional con España. Pero no es una excepción. Chichoro, portero de la actual Sub-18, llegó a jugar con la Sub-16 de Inglaterra cuando jugaba en el United. Lo mismo le ocurrió a Susoho, de 2005, cuando era canterano del City. Ablaye Samb, actualmente en el Milan, nació en Luxemburgo en 2009, tiene orígenes senegaleses, pero se crio en Formentera, suficiente para hacerle debutar con la Sub-17. Ikenna Ikezzu, suizo de origen nigeriano que juega en el Zúrich y tiene un abuelo paterno español, debutó con la Sub-16 este año. O Elijah Gift, formado durante años en Inglaterra antes de fichar por el Athletic, fue reclutado por la RFEF cuando militaba en el Liverpool. Y estos son solo una muestra de los nombres que ilustran hasta dónde llega la red. “Hay sobre todo tres patas”, explica Manu Fernández, coordinador de las selecciones inferiores de la RFEF. La primera es la tecnología. La RFEF trabaja con enormes bases de datos de jugadores como Diblabb e InStat Scout, herramientas que permiten rastrear futbolistas de academias y clubes de todo el mundo. Edad, posición, minutos, rendimiento, trayectoria… El volumen de información permite localizar perfiles que difícilmente aparecerían en una búsqueda tradicional. La segunda pata son los representantes de los futbolistas seleccionables que se escapan al radar de la RFEF y que son los que a menudos se ponen en contacto con la Federación. De forma interesada, para un joven con varios pasaportes, vestir la camiseta de España puede tener un enorme valor deportivo y profesional. La tercera vía nace dentro de los propios clubes. La RFEF ha ido construyendo una red de contactos con academias y entidades de distintos países. Y esa relación puede convertirse en una cadena. «Cuando encontramos un chico seleccionable en un club, ese mismo equipo te suele ayudar a encontrar a otros jugadores dentro de su entidad», cuenta Fernández. Así aparece un efecto bola de nieve. Un futbolista lleva a otro y un club abre la puerta a nuevos nombres. La REFF no tiene que empezar siempre desde cero: una relación establecida con una academia puede convertirse en un radar permanente. Después llega el trabajo de comprobación. Cuando aparece un jugador que está fuera del radar, la RFEF solicita vídeos porque, en muchos casos, apenas existe información disponible. Pero el vídeo no es suficiente. “Normalmente, les solemos llamar porque nos gusta verlos en persona, en la dinámica del equipo”, explica Fernández. Para hacerlo posible, la Federación cuenta con un equipo de siete scouts dedicado a la captación de talento. Su trabajo consiste en filtrar ese enorme volumen de información y convertirlo en futbolistas que realmente puedan tener recorrido internacional. El éxito reciente de las selecciones españolas ha terminado de reforzar esa capacidad de captación. Los títulos de las categorías inferiores, el Oro Olímpico, el histórico palmarés de la Sub-21 y los éxitos de la Absoluta hacen que la Selección resulte cada vez más atractiva para jugadores con doble nacionalidad o con vínculos familiares con España. La RFEF ha conseguido así algo que va mucho más allá de una base de datos. Ha construido una red global de talento. Una red que conecta a scouts, clubes, agentes y familias y que permite que un futbolista pueda estar jugando en Liverpool, Zúrich, Milán o cualquier otra academia europea y acabar apareciendo en el radar de España. La Selección ya no busca únicamente en casa. El nuevo territorio de captación es el mundo.
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