

El Villarreal logra un triunfo en la máxima competición continental 1651 días después con goles de Mikautadze, Mouriño y Tani.
Por fin. El Villarreal sonrió en Champions 1651 días después. Tras un cúmulo de desdichas, sobre todo la temporada pasada, esta vez la fe tuvo premio. Cuando peor pintaban las cosas, Mikautadze porfió un balón, se la robó a Milinkovic-Savic tras un pase comprometido de Politano y la metió por donde casi no había hueco. En esa jugada cambió todo. Lo que todo se veía negro se volvió en rosa. Sobre todo después del zapatazo de Mouriño a la escuadra que está tocado con una varita en esta Champions. Había sido una remontada eléctrica, en solo tres minutos. Era la Champions. No se podía perder esa oportunidad. Y no lo hizo. El Submarino sufrió. Lo que le apretó el Nápoles y lo que decidió Siebert, luciéndose de manera innecesaria con la nueva norma antipérdidas de tiempo. Pero al final sentenció con Tani Oluwaseyi, golpeando con el alma de toda Villarreal para reventar la red de Milinkovic-Savic. Por todos esos que sufrieron tanto la temporada pasada. Por Gulacsi. El futuro se ve ahora de otra manera en La Cerámica. Con tres puntos, el calendario le empareja ahora con los más grandes: Liverpool y PSG. Pero para jugar estos partidos se sufre 38 jornadas en Liga el año anterior. Toca disfrutar. Porque con esos tres puntos puede pasar cualquier cosa. El objetivo sigue siendo acabar entre los 24 primeros. Pero antes tocaba quitarse la gazuza que se instaló en La Cerámica el curso anterior. En el partido 50 del Villarreal en Champions llegó la victoria. El Villarreal tardó en cogerle el hilo al juego del Nápoles. Los dos carriles muy abiertos, Politano y Di Lorenzo, avanzaban con zancada larga, sin que Mouriño y Romero supieran si tenían que ir a tapar o posicionarse en el área. Así llegaron los primeros avances napolitanos aunque el gol llegó en una jugada ensayada en la que Pau Navarro se quedó colgado y Rramahni remató hasta dos veces en el área pequeña para anotar el primero. Muy fácil para el conjunto italiano. Mikautadze lo intentó en una jugada que sacó Badiashile en el área pequeña pero el Nápoles había encontrado la fórmula. Otra vez Politano bailando a Romero y su centro lo cabeceó Hojlund a la cruceta. El sonido del balón en la madera para despertar del letargo al Submarino. Porque a la jugada siguiente una cesión, sin aparente peligro, de Politano a Milinkovic-Savic la interceptó Mikautadze y con una maniobra en un palmo de terreno la mandó a la red. Por primera vez en Champions y pico, el Villarreal había tenido suerte. Y aupados por esa corriente positiva, tres minutos después robó en campo contrario, en un par de pases, Gerard encontró a Mouriño, por dentro. Y este año el uruguayo está bendecido en esta edición de la Champions. La puso en la escuadra desde fuera del área. Golazo. El segundo de Mouriño esta Champions. Dos mazazos seguidos para Allegri en La Cerámica que no cambió el guión. Otro centro lateral lo cabeceó McTominay fuera, por poco. La locura de ida y vuelta que fue la primera parte se trasladó a la segunda. El Nápoles presionaba arriba, a pares, y el Villarreal intentaba salir en largo, con el vértigo que todo ello conllevaba. Moleiro lo intentó en un par de esláloms marca de la casa. Pero su balón no entró. Iñigo mantuvo las acometidas con los cambios aunque en los últimos diez minutos el Nápoles lo intentó con todo. Luiz Júnior le sacó una a los pies a Hojlund y Lucca y Di Lorenzo no llegaron por poco a embocar a la red. Todo en tres minutos. Sí lo hizo Tani, tras una dejada de Ayoze, haciendo su primer gol de la temporada y certificando el triunfo amarillo en la Champions.
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