

Cristian Tello se retira del fútbol después de 15 años en activo. Jugó con el mejor de todos los tiempos: “Messi me decía: cuando me gire, tú corre”.
Cristian Tello (11-8-1991, Sabadell) anunció recientemente su retirada del fútbol después de quince años de profesional en los que, entre otras cosas, y además de ser internacional absoluto, campeón de Europa Sub-21 y campeón de Copa con el Betis, jugó en uno de los mejores Barça de la historia y siempre podrá decir que, en Valencia, era uno de aquellos famosos once de La Masia que hicieron historia contra el Levante por ese equipo 100% de canteranos. Hizo un viaje por su carrera deportiva con AS en Terrassa, donde ahora regenta un concesionario de coches de alta gama. Dicen que la retirada es el momento más difícil, el miedo al día después. ¿Cómo ha sido el proceso? Con todos los compañeros que he hablado cuando han decidido dejarlo y echarse a un lado hemos comentado que es un momento difícil. Tienes una rutina diaria centrada en entrenar, descansar, alimentarte, estar con los compañeros, charlas tácticas… Choca y hay jugadores a los que le cuesta dar el paso. ¿Cómo se prepara? En mi caso, lo tenía claro. Era descubrir si tenías más ganas, menos ganas. Si estaba perdiendo la motivación. Había estado fuera en los últimos años, en otra cultura. Y en el mismo día a día te das cuenta de que vas perdiendo la ilusión. Vayamos, pues, al inicio de todo. ¿Cuándo se dio cuenta de que sería profesional? Desde pequeño empecé a jugar en el barrio, con el Can Rull. Venían a verme los ojeadores del Barça y del Espanyol, que son los que venían más. Desde los diez años entré en el Barça. Ahí te das cuenta de que están dando pasitos para alcanzar un sueño que tienes desde pequeño. Su gran cualidad era la velocidad. ¿Fue innato o lo fue trabajando? Fue mi mayor cualidad desde siempre. La velocidad, el uno contra uno y la definición, porque hasta juvenil siempre jugué de delantero centro. Y siempre destacaba por la velocidad, el atrevimiento, la velocidad. ¿Fue el Barça quien le pasa al extremo? No. En el Barça, desde los diez a la edad de juvenil, fui delantero centro. Fue cuando me cedieron a la Damm. Carlos Martínez, el míster que teníamos allí, habló conmigo y me dijo que quería contar conmigo para ser extremo. Creía que podía hacer daño e la banda y ayudar al delantera de referencia que estaba allí. Y ahí empecé a jugar de extremo, ya fuera en la izquierda o en la derecha. Se va un año cedido a la Damm. ¿Y le llama el Barça de vuelta? Empiezo de juvenil en el Barça, me dicen que no contaban conmigo. En la Damm fue un año muy bueno, positivo Quedamos entre los cuatro primeros y volví al Barça. Pero no cuenta conmigo y fiché por el Espanyol cuando era Juvenil de primer año. Y estuve dos años. La segunda parte de la segunda temporada ya la acabé con el Espanyol B, que estaba en Segunda B… Y vuelve al Barça después de que le hayan dicho que no cuenta con usted. Será un espaldarazo. La verdad es que fue una decisión muy difícil porque estaba tocando ya el primer equipo. Entrenaba muchos días con ellos. Pero acababa contrato. Hablé mucho con Pochettino y me quería hacer ficha del primer equipo. Fue una decisión difícil. El Barça acababa de subir a Segunda con Luis Enrique. Me presentaron el proyecto. Entrenaría con el primer equipo y jugaría en Segunda con el equipo que se estaba haciendo. Vi que era lo mejor para mí. En el primer equipo Guardiola y en el filial, Luis Enrique. ¿Ya se les veía venir? Luis Enrique ya estaba haciendo un trabajo increíble en el filial. Quedamos terceros en Segunda División. Cuando estás en el filial del Barça, subes muchos días a entrenar con el primer equipo. Pensaba que sería positivo para mí y para mi futuro por la visualización del filial en Segunda. ¿Qué le enseñaron? Son muy diferentes, pero los mejores del mundo. Siempre he dicho que Guardiola tiene una forma muy concreta de jugar y de entrarle al grupo, de transmitir. Guardiola es un entrenador que te convence de ello para que llegues a hacer lo que cree que será mejor para el equipo. Y Luis Enrique es más activo, más exigente. Tienes que creer en el él, sí o sí. Y lo que dice, tienes que ir a muerte con ello. Saben llegar a los grupos y lo que transmiten en lo que se ven. Decía Canales en una entrevista reciente: “Luis Enrique es el mejor: te dicen cuatro cosas y pasan”. Los dos (Guardiola y Luis Enrique) son iguales. Unos enfermos del fútbol. Y lo que trabajas durante la semana, se da en el campo. Y como lo has trabajado y lo puedes resolver. Jugó bastante en el Barça de la temporada 2011-12. ¿Le sorprendió, le impactó? Subí con Guardiola. El segundo entonces era Tito Vilanova. Era consciente de mi rol en el grupo. Estaba en el mejor equipo del mundo con un vestuario lleno de estrellas y era consciente de los minutos que podía tener y de que los tenía que aprovechar al máximo. Y sí que es verdad que en el segundo año, cuando se va Guardiola, y se queda Tito, confió mucho en mí y yo di el salto que se necesitaba. Estuve a un nivel muy bueno, fue el año que más minutos tuve. Usted está el famoso día en el que juegan los once canteranos de La Masia cuando se lesiona Alves y sale Montoya… ¿Qué significa eso para un vestuario? Habla muy bien del club y de lo bien que se trabaja desde abajo. Déjeme que le pregunte por Messi, una figura tan grande. Usted es uno de los que se aprovechaba de él. ¿Cómo era jugar y entrenar con él? Jugar a su lado era muy fácil. He tenido la suerte de poder disfrutar de él, de estar con él en el día a día, vivir quién es el mejor jugador del mundo. Me aproveché mucho de mi velocidad gracias a sus pases. Era fácil. Él me decía: “Cuando me gire, tú corre”. Ya sabía que me la iba a poner ahí. Y luego, ver cada día de cerca al mejor jugador del mundo, cómo trabaja, cómo aporta al grupo… Todo el mundo le seguía e iba en la misma sintonía. ¿Es difícil convivir en un vestuario con tantísimas figuras? Valdés, Piqué, Puyol, Xavi, Iniesta, Messi… Como en todos los equipos, cuando hay tanto jugador así, hay momentos difíciles. Tengo la experiencia de haber estado allí, y fue todo lo contrario. Desde que subí al primer equipo, ese equipo era una familia. Ha habido problemas, como hay en cualquier equipo. Pero todo era alegría. Y es algo que se plasma luego en el terreno de juego. ¿Cómo vivieron desde dentro la enfermedad de Tito Vilanova, el técnico que más había contado con usted? Fue una experiencia muy dura. Tito era alguien muy querido dentro del vestuario, había dado mucho. Fue un bache muy grande para el equipo; y al final de aquella temporada se notó. Prácticamente en la segunda parte de la temporada él no estuvo con nosotros porque estaba recuperándose fuera. Es una situación diferente, sin entrenador, sin el responsable del equipo. Fue un momento muy duro, intentamos estar fuertes. Pero rendir tiene que ser dificilísimo. Sí, porque las noticias que iban llegando eran positivas a veces, pero otras no. Y eso te impedía estar concentrado al cien por cien en lo que teníamos que hacer. Fueron momentos muy duros. Se dice que fuera del Barça hace frío, pero usted se rehízo. Oporto, Fiorentina. Pero siempre hay que tomar la decisión. ¿Cómo gestionó marcharse de uno de los mejores equipos del mundo? Un momento duro, una responsabilidad grande. Porque cuando estás en el mejor equipo del mundo… Lo hablaba muchas veces con Xavi en el vestuario. Y Xavi siempre me decía: “del Barça no hay que irse hasta que te echen”. Y es así. Fuera del Barça sabes que todo es diferente, te das cuenta de la dimensión que tiene el Barça. Y es difícil. Era joven en ese momento, quería tener más protagonismo, más confianza dentro del campo Me coincidió con el último año de Martino. Con Tito había dado un paso más y era protagonista. Con el Tata no jugué prácticamente nada. Llegó Neymar… Pero con Tito tenía minutos y era protagonista. Con el Tata fue no jugar nada y entramos en el mercado de verano. Es cierto que esperé a ver quién venía como entrenador. Y vino Luis Enrique… Hablé con él y me dijo que contaba conmigo. Había confiado en mí para el Barça B. Pero tenía claro que quería salir. Y el Oporto acababa de fichar a Lopetegui, que había confiado siempre en mí, me había tenido en las categorías inferiores de la Selección… Hablando de la Selección. Usted es internacional. Debutó en Guayaquil contra Ecuador. Veníamos de ganar el Europeo Sub-21 en Israel (2013). Yo había jugado todo y a buen nivel y había un partido en Ecuador y Del Bosque premió a alguno de los que habíamos ganado el Europeo Sub-21. Fuimos Iñigo Martínez, Koke, yo; y no sé si alguno más. Me acuerdo que estaba en el vestuario y Xavi me dijo que Del Bosque contaría conmigo. Me hizo mucha ilusión. Un futbolista siempre tiene como sueño jugar en Primera; pues imagínese en la Selección. Estuve con los mejores del mundo de cerca. Cuando la Selección gana un Mundial como este verano, ¿uno cree que ha puesto un granito de arena en general? Cuando ya lo ves con perspectiva, sí. Porque estás con los mejores del mundo; y si vas a la Selección, es porque te consideran uno de los mejores. Y eso es un premio grande. Antes del Betis, Oporto y Fiorentina. ¿Me resume las dos etapas? Recuerdo muy especial la del Oporto. Había estado siempre en casa. Había jugado en el Espanyol, la Damm, el Barça. Para mí, era un paso muy importante salir con mi mujer y mi hija recién nacida. Cuando salí al Oporto tuve la sensación de que no me había ido del Barça. Un club muy grande, una afición increíble. Un equipazo. Era igual que el Barça y estaba para crecer y seguir mejorando. ¿Y la Fiore? Igual. Tenía dos años de cesión en el Oporto. Llevaba año y medio y Lopetegui se fue. Pensé que iba a tener un protagonismo diferente y decidí el paso de ir a la Fiore. Me mudé a Italia y viví la experiencia de la Serie A, siempre había tenido curiosidad. ¿Le pareció que el fútbol italiano está tan en crisis? Siempre había leído que los clubes italianos eran muy defensivos y, cuando llegué allí, fue lo contrario. Nosotros hacíamos un fútbol más ofensivo por el tipo de entrenador que teníamos. Jugábamos 3-4-3, y no para meternos luego seis atrás, sino que íbamos hacia arriba. Me gustó. Veía muchos espacios. Y luego, Sevilla. Es campeón de Copa después de 17 años de sequía en el Betis. ¿Cómo llega? Pues llegaba de cesión de la Fiorentina y me quedaba ya sólo un año de cesión en el Barça y el Barça había dicho que quería que rescindiese. Estuve en negociaciones con el Betis y con diferentes clubes; y al club que tenía todo cerrado con el Spartak de Moscú. Tenía el avión esperándome para incorporarme a la pretemporada pero nos enteramos de que mi mujer estaba embarazada de nuevo y nos dio cosa. Éramos jóvenes y nos dio cosa irnos solos a Rusia con mi mujer embarazada. Lo rompimos y activamos la opción del Betis, que esta empujando más. Y yo desde pequeño siempre he sido del Betis porque a mi padre siempre le gustaba mucho. Me hacía ilusión jugar allí. Fue un paso muy importante. El Betis dio el paso de hacer el plus. Se notó la mano de Quique Setién. Estuve cinco años de crecimiento. Mejorábamos de equipo, de estructura en la Ciudad Deportiva, fisios, instalaciones. Fueron cinco años soñados con la Copa como colofón. Dos grandes personajes en el Betis. Joaquín, Gordillo… ¿Cómo son? Desde fuera no eres consciente de la magnitud que tienen dentro del club. Son dos leyendas. Joaquín fue un capitán ejemplar que siente el club como si fuese suyo, y Gordillo igual. Siempre estaba con nosotros en los viajes. Algún chiste habrá escuchado de ellos… Alguno (risas). Guardiola, Luis Enrique, Tito, Pellegrini, Lopetegui. ¿No le han dado ganas de entrenar? Pues no. Siempre lo he dicho, que he tenido la suerte de estar dirigido por grandes entrenadores. Nunca me he encontrado con uno que digas: “Hostias, este…”. En la Fiorentina Paulo Sousa me parecía un técnico increíble. Pero no me ha picado el gusanillo del banquillo. No ha querido los banquillos, pero sí los coches. CT37 es su concesionario de coches de alta gama. Siempre me han gustado los coches y ahora estoy agradecido porque, como hablábamos al principio, no es fácil tener un plan para cuando vayas a retirarte. Y hace tres años, como ya estaba fuera y veía que se acercaba el final, decidí montar este concesionario y fue una buena idea. “El día que me retire, tendré esto”, pensé. Y me ha salido bien. ¿El mejor momento de su carrera y´, por otro lado, el día pensó en dejarlo todo? Mi mejor momento, sin duda, es mi primer gol en Primera División (contra la Real Sociedad en diciembre de 2011). Es el que más recuerdo. Salir después del partido, estar con la familia y todos emocionados. Eso es especial. Y momentos malos, pues hay muchos. Esos no los ve la gente, pero en el fútbol somos un producto, un objeto. Pero detrás hay personas. Y lo pasas mal. Hay momentos en los que lo das todo pero no te dan confianza, no te salen las cosas, no tienes continuidad y te pitan y te critican. En el fútbol estás expuesto a que te digan y te pongan de todo, en redes sociales… Pero va dentro del pack de ser jugador, supongo. Supongo que sigue viendo al Barça. Flick está obsesionado con la velocidad. ¿Alguna vez piensa y se ve jugando ahí? Sí. “Ahora disfrutaría en ese equipo”, pienso. Veo el fútbol de otra manera. Sigo al Barça y al Betis. Si alguien me pregunta, está claro que le diría: “Mírate al Barça”. Es un vendaval y, con la velocidad que tienen, arrollan. ¿Adeyemi le recuerda a usted? Me parece un fichaje increíble. Él y Gordon se han instalado bien, y eso no es fácil cuando llegan al Barça. Tienen jugadores con velocidad que es lo que le gusta a Flick. Ojalá sigan imparables. ¿En su ‘prime’, como dicen ahora, vio algún jugador más rápido que usted? He visto jugadores muy rápidos, pero yo lo era; y mucho. Es una virtud importante, la tenía desde pequeño y la exploté al máximo. La última. Hágame un equipo ideal de jugadores con los que haya compartido carrera. Es que para mí es fácil..., es el del Barça: Valdés, Alves, Piqué, Puyol, Alba, Busi, Xavi, Iniesta; Neymar, Messi y Pedro. Me dejo muchísimos… Pero como ese equipo no hay ninguno.
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