

El gol de Adrián Niño supone un impulso anímico para un equipo que confía en su potencial y en la recuperación de efectivos para reaccionar.
El Málaga necesita una victoria que cambie las caras, limpie un poco el aire y permita mirar la competición desde otro estado de ánimo. Ocho jornadas sin ganar han instalado una frustración evidente en un equipo que todavía no termina de carburar y al que la clasificación devuelve una imagen incómoda. La última posición pesa, como también esa sensación de perseguir permanentemente algo que no llega. Pero hay una diferencia importante entre reconocer la delicadeza del momento y asumir que la situación ha adquirido una gravedad irreversible. El Málaga se mueve entre esas dos realidades, la urgencia de encontrar resultados y la convicción de que existe bastante más fútbol en una plantilla que todavía no ha enseñado todo su potencial. Quién sabe si el gol de Adrián Niño ante el Espanyol puede ayudar a mover algo por dentro. No fue una victoria ni mucho menos la solución a los problemas que arrastra el equipo, pero el golazo del roteño tuvo un significado que fue más allá del punto sumado. Por el momento en el que llegó, por el desarrollo de un partido que parecía condenado a otra derrota cruel e inmerecida y por la comunión final con una Rosaleda necesitada también de alegrías. El Málaga necesita precisamente eso, estímulos que le permitan recuperar naturalidad, soltarse y competir sin esa carga de frustración que acompaña a los equipos cuando los resultados se resisten. Existe inquietud por la situación, como no puede ser de otra manera, pero también confianza en las posibilidades del grupo. Nadie puede estar satisfecho con el rendimiento colectivo después de ocho jornadas sin conocer la victoria, aunque tampoco se considera que lo visto hasta ahora represente el techo de este Málaga. Hay futbolistas que han encontrado pronto su sitio y otros que todavía están lejos de su mejor versión. Rafita, Recio y Alfonso Herrero aparecen entre los ejemplos más claros de jugadores que han conseguido mantener un nivel competitivo reconocible. En cambio, de otras piezas importantes, algunas llamadas a ser estructurales, se espera un paso adelante. No todos atraviesan el mismo momento ni han tenido las mismas condiciones para asentarse, pero el crecimiento colectivo también depende de que esas diferencias individuales empiecen a reducirse. La falta de gol es la expresión más visible de las dificultades, aunque el problema tiene más profundidad que una cuestión de puntería. El Málaga es capaz de acumular posesión, instalarse durante determinados tramos en campo contrario y generar situaciones alrededor del área, pero le cuesta convertir ese dominio territorial en ocasiones verdaderamente claras. Ocurrió también frente al Espanyol. La segunda mitad dejó una versión más dominante, con mayor presencia ofensiva y capacidad para empujar al rival hacia atrás, aunque el volumen de oportunidades limpias no guardó proporción con esa superioridad. Al equipo le falta colmillo y una mayor precisión en los últimos metros. Parte de esa mejoría pendiente también pasa por recuperar efectivos y ampliar las alternativas de Funes. La vuelta de Haitam, la aparición de Aznou y la posibilidad de disponer de un Cajuste con mayor continuidad ofrecen recursos que hasta ahora apenas han podido explotarse. A ello se suma el buen rendimiento de Rafa Rodríguez como pivote, otra vía de crecimiento en el centro del campo. Hay diferentes caminos por explorar y futbolistas que todavía pueden aportar bastante más, aunque cada uno atraviesa sus propios tiempos de adaptación y el equipo necesita acelerar ese proceso. Hay, además, un dato que invita a poner las cosas en perspectiva. Pese a ocupar el último puesto, el Málaga se encuentra a solo cuatro puntos del noveno clasificado. La competición avanza hacia su primer cuarto y la necesidad de reaccionar es evidente, pero las diferencias siguen siendo lo suficientemente estrechas como para que una buena secuencia de resultados modifique sustancialmente el panorama. No hace falta imaginar una remontada extraordinaria para entender que la clasificación todavía está muy abierta. El Málaga está a tiempo de casi todo, aunque necesita empezar a demostrarlo. La situación exige respuestas y no admite complacencia, pero tampoco justifica un sentimiento apocalíptico cuando las diferencias son todavía tan pequeñas y hay futbolistas con margen para crecer. Ahora falta encontrar esa victoria que permita dar continuidad a aquel desahogo. Hay motivos para exigir más, desde luego, pero también para conceder a estos chavales ese punto de confianza que se han ganado y que tanto pueden necesitar ahora. ¡Diviértete cada día con tu pasión por el deporte! Descubre la sección de Juegos de AS y disfruta de retos entretenidos que, además, te ayudarán a mantener la mente activa. Juega aquí.
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