

Más allá del viaje al ‘9’ de Raphinha, Flick ha tocado más teclas para mejorar al Barça. El cambio de paradigma en la izquierda, radical.
Asustan los números del Barça, que se ha subido a la ola buena en este principio de curso. Pero que también ha cambiado cosas en su estructura para no convertirse en un equipo previsible, como pareció por momentos el año pasado después de una primera temporada espectacular con el sello de su entrenador. Flick fue entendiendo durante meses que había cosas por cambiar. Algunas le han llegado por imposición no deseada, como el descubrimiento de Raphinha como ‘9’, que tal vez nunca hubiera visto la luz si hubiera prosperado el fichaje de Julián Alvarez. O si Ferran hubiera decidido no marcharse rumbo a París. En cuanto el Barça llegó a un acuerdo con el Manchester City para el traspaso de Rodri, Flick recibió el ‘input’ del club: “Julián ya no vendrá”. Y movió pieza. El brasileño le ha dado soluciones, defensivas y ofensivas al equipo. Ya era el “primer hombre en la presión”, el “nueve en defensa”, como dijo Flick. Le hacía el trabajo sucio a Lewandowski. Que él juegue en esa posición ‘añade’ un defensa más (Gordon o Adeyemi). Ofensivamente, además, es un ‘9’ moderno y ha dado la razón a Deco, que insistía en la necesidad de fichar jugadores de ataque, pero no específicamente delanteros centro porque el fútbol moderno en su opinión, y como ejemplo ponía al PSG, es movimiento en ataque. El as de Gabriel Jesús de salida, además, está guardado en la manga. Olmo , Gordon y hasta Fermín también han tenido algunos minutos en la posición de nueve. Pero Flick necesitaba zarandear más cosas. La que ha experimentado un movimiento sísmico más potente ha sido la izquierda. Ahí ha cambiado el paradigma. En las dos primeras temporadas, Balde había sido casi un extremo más. Al menos, un lateral abierto que aprovechaba la autopista que le dejaba en la banda Raphinha, amante de los pasillos interiores para llegar al gol. El Barça 3.0 de Flick le ha dado la vuelta a ese modelo. Los laterales escogidos por el alemán son Xavi Espart y João Cancelo, dos futbolistas que son diestros y, por tanto, juegan a pierna cambiada. Dos jugadores que, además, conocen el oficio de interior. Espart nació centrocampista y Cancelo jugó ahí en el Manchester City. Flick ha aprovechado esa coincidencia para que ofrezcan superioridad numérica en el juego posicional ofensivo. Y encima, ha añadido gol al equipo. Xavi Espart le marcó al Levante y João Cancelo le hizo dos golazos al Racing en el Spotify. Obviamente, la llegada de Rodri también ha impactado seriamente en el estilo de juego. El doble pivote de los dos primeros años de Flick, representado básicamente por De Jong y Pedri con los cambios obligados por lesiones (empezaron Casadó-Bernal en el verano de 2024, Gavi y hasta Olmo entraron en ocasiones), se ha matizado. Rodri se ha convertido en el hombre boya desde el cual se despliega el juego del Barça; y Pedri, que no ha perdido galones, pero sí ha modificado algo su posición, saca el violín. “En ocasiones corre demasiado”, llegó a decir Rodri del canario en una reciente entrevista con Mundo Deportivo. Quiere facilitarle el trabajo y que no llegue extenuado al final de los partidos. Pero no le ha quitado protagonismo. Pedri sigue teniendo libertad de movimientos y puede ser más decisivo en los últimos metros. Su conexión con Raphinha en los goles contra Athletic y Feyenoord así lo demuestra. En la derecha ha habido menos cambios, pero ha cambiado la confianza en las piezas. En un contexto parecido al de Balde, pero menos radical, Koundé ha dejado de ser imprescindible en el lateral, donde ha sido adelantado por Eric. El de Martorell se entiende a las mil maravillas con Lamine, un elemento que mantiene las mismas constantes vitales tácticas de la temporada pasada, con la única excepción de la petición de los técnicos de que pise más área en acciones que no van por su zona. Así ha podido aprovechar pases de la muerte de Adeyemi, Raphinha… Todo, con el objetivo de que aumente sus números, una de las claves en el futuro del Barça después de las marchas de Ferran y Lewandowski.
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