Tras el varapalo del Mundial, doble dosis de confianza: Mourinho y Zidane. El reto y el deseo, triunfar en el Madrid.

“Desde que empezó mi carrera todo ha ido muy rápido, pero Roma no se construyó en un día y todavía tengo mucho tiempo delante”. Es una reflexión madura, también con un mensaje. A sí mismo y al mundo. Lo mandó Camavinga durante el parón, antes del duelo ante Bélgica. No son palabras al viento, sino un pensamiento, el suyo. Es más que consciente de que su fútbol no ha evolucionado de la mano que debería por su potencial. Que tiene deberes. Especialmente en materia de concentración. “Tengo que cometer menos errores”, asume. Y con ello hace propósito de enmienda. Aquel Camavinga alborotador que opositaba a la titularidad perenne en el Madrid perdió continuidad y la temporada pasada fue complicada. Disputó 2.199 minutos, pero de manera intermitente y sin lograr que su juego tuviera regularidad. Con baches. Y tuvo su punto más bajo con la lista de Deschamps: fuera del Mundial. In extremis. Verlo desde casa fue de difícil digestión, duro, pero pulsó un interruptor. En vacaciones, trabajo sin descanso. Suele hacerlo, pero con una motivación especial, señalan quienes le conocen. Picado consigo mismo y con un objetivo: recuperar su crédito. El de un futbolista que estaba llamado a asentarse como dueño de la medular francesa y como pieza vertebral en Chamartín. Confiado en que puede voltear la situación. Porque a pesar del runrún, en ningún momento se planteó salir. Por mucho que haya postores preguntando, él tiene claro su deseo: triunfar en el Bernabéu. Ese es su desafío. Y cuenta con una doble dosis de confianza: Mou y Zidane. En esa nueva Francia, Zizou le ha transmitido apoyo, más allá de la propia inclusión en la lista. Entiende que es un perfil de centrocampista que escasea en les bleus y, aunque el físico sea su bandera, puede ser un gran apoyo en circulación de balón. Así lo ve Zidane y ya ha dejado detalles interesantes, especialmente frente a Bélgica. Primero en Bruselas: un 94% en el pase y casi pleno en campo contrario (41/42), ganó seis duelos, recuperó cinco balones... Después ayer, de nuevo de inicio ante los diablos rojos. Hasta que no se orquestó la remontada no salió del campo (en el 88′) y fue un tapón: cinco duelos ganados, ocho recuperaciones y cuatro interceptaciones. Y también dejó destellos en el tramo final ante Italia. No es baladí que en el primer parón de la nueva era haya sido titular en la mitad de los encuentros (los dos partidos contra los belgas) y salió ovacionado del último. Brotes verdes. Que hacen sonreír a un Mourinho al que en verano le llamó la atención el poderío del zurdo de Cabinda. Fue el único en ser titular durante toda la pretemporada y al empezar la acción ha mantenido su confianza. No es indiscutible, sí uno más en la sala de máquinas (240 minutos y dos titularidades). Aunque no haya logrado derribar la puerta, el luso le apoya en privado y en público. “Un chico no muy amado hizo un partidazo”, le reivindicó tras salir de inicio en el triunfo el Málaga. Entiende que Camavinga es un diamante con aristas y las quiere pulir. Que tiene todavía 23 años y que la mente es tan importante como todo lo demás. Ya saben, “Roma no se construyó en un día”.