El técnico de la Roma, que estuvo a punto de dedicarse a las finanzas, pasó de durar cinco partidos en el Inter a conquistar la Europa League con el Atalant

“Es el técnico más duro al que me enfrenté. Cambié cinco veces el dibujo y las cinco me contrarrestó. Fue una pelea de perros y gatos”. José Mourinho no va a olvidar fácilmente aquel 26 de octubre de 2008. Su Inter recibió al Genoa de Gian Piero Gasperini en San Siro y terminó metido en un lío del que no supo salir. El portugués cambió una vez su planteamiento, luego otra y después otra más. Pero nada. Cada vez que intentaba sorprender al rival, Gasperini ya tenía preparada la respuesta. El partido terminó 0-0 y ni siquiera la expulsión de Ivan Juric, que dejó al Genoa con diez, sirvió para que el Inter encontrara el camino hacia la victoria. Y aquello no quedó en una sola tarde. Mourinho y Gasperini volvieron a encontrarse varias veces en Italia. La última, el 7 de enero de 2024, cuando el portugués entrenaba a la Roma y el italiano al Atalanta. Otro empate, esta vez 1-1, y Mourinho acabó expulsado por protestar. Ahora vuelven a cruzarse, pero con los banquillos cambiados, Mourinho dirige al Real Madrid y Gasperini espera en Roma. La historia de Gasperini tiene unas cuantas vueltas. Antes de hacerse un nombre en los banquillos, pasó años entrenando en la cantera de la Juventus mientras se preparaba para trabajar como asesor financiero. Hasta que en 2003 apareció el Crotone, un equipo de la tercera categoría italiana, con una oferta para dirigir al primer equipo. Su mujer pensó que era una imprudencia meterse en aquella aventura. Él decidió intentarlo. Tenía 45 años y, en su primera temporada, consiguió el ascenso. No todas sus decisiones salieron tan bien. En 2011, el Inter lo fichó después de sus buenos años en el Genoa, pero la aventura fue de las que se cuentan rápido: cinco partidos, ninguna victoria y despedido antes de terminar septiembre. Y cuando todavía estaba asimilando el golpe, recibió una invitación inesperada. Pep Guardiola, entonces entrenador del Barcelona, quería que fuera a conocer sus entrenamientos. Gasperini acababa de quedarse sin equipo y el técnico del Barça le abría las puertas del suyo. La revancha llegó en 2016, cuando se hizo cargo del Atalanta. Allí convirtió a un equipo modesto en uno de los más goleadores de Italia. En la temporada 2019-20 llegó a marcar 98 goles en la Serie A. Y pensar que, cuando entrenaba a los jóvenes de la Juventus, le criticaban por jugar con tres defensas. Demasiado defensivo, decían. Él siempre defendió lo contrario, quería atacar, recuperar el balón cuanto antes y que hasta sus defensas participaran en las jugadas. Para ser un entrenador supuestamente defensivo, no estaba nada mal. En Bérgamo también tenía sus métodos particulares. En el vestuario utilizaba fotografías de manadas de lobos para hablar de compañerismo y frases de Michael Jordan para motivar a sus jugadores. Y los resultados terminaron llegando. En mayo de 2024, después de ocho años al frente del Atalanta, conquistó la Europa League tras derrotar por 3-0 al Bayer Leverkusen de Xabi Alonso, que llevaba 51 partidos consecutivos sin perder. A sus 66 años, Gasperini levantaba su primer gran título como entrenador. Ahora, a los 68, le espera el Real Madrid en el Olímpico de Roma. Mourinho sabe bien a quién tendrá enfrente. No será la primera vez que se mida a Gasperini, ni seguramente la más sencilla. El italiano lleva años demostrando que sabe complicarle los partidos a cualquiera. Y el miércoles tendrá otra oportunidad de hacerlo.