

Un análisis de los factores que explican por qué el equipo llega al parón como colista y único conjunto de Primera que todavía no ha ganado.
El Málaga todavía no ha conectado con Primera. Más allá de percepciones, debates sobre el verdadero techo de la plantilla o alguna sobrereacción propia de un comienzo torcido, el césped no engaña y los resultados tampoco. Siete jornadas después, el equipo de Funes es colista y el único de la categoría que todavía no ha ganado. El regreso a la élite se presumía difícil, inevitablemente exigente después de tantos años lejos de ella, pero el aterrizaje está siendo bastante más duro de lo esperado. Y no existe una única explicación. El calendario concede ahora tres semanas que en Martiricos casi se contemplaban como una necesidad. Funes llevaba tiempo esperando este parón después de una pretemporada extraña, comprimida por la resaca emocional del ascenso y por un verano que pasó a toda velocidad. Toca trabajar, recuperar futbolistas y también días de comerse el techo. Tampoco todo ha sido un páramo. El equipo compitió en partidos que podían servir para medir su adaptación, dejó momentos ante el Deportivo y el Levante y sumó contra el Celta un punto que parecía un posible punto de partida. Incluso en el Coliseum hubo un tramo reconocible. Pero las derrotas con Villarreal y Getafe han expuesto con crudeza la distancia que todavía separa al Málaga de determinados cánones de Primera. Ritmo, físico, contundencia, jerarquía y, especialmente, las áreas. Buena parte del proyecto descansa sobre la progresión de los Bichos, la columna vertebral. Y Primera les está obligando a aprender deprisa. Hay menos metros, menos segundos para decidir, rivales físicamente superiores y errores que antes podían quedar sin castigo y ahora cuestan puntos. Chupe quizá represente mejor que nadie esa frustración. No se le han apagado los superpoderes ni ha dejado de ser el magnífico delantero que ha demostrado ser. Simplemente han cambiado las normas. Ya no aparecen las mismas facilidades, los centrales conceden muchísimo menos y cada intervención cerca del área exige precisión. Ese cabezazo al larguero contra el Deportivo todavía escuece porque pudo cambiar muchas cosas. Otros han digerido antes el salto. Ángel Recio ha dejado actuaciones de mucha personalidad y Rafita está respondiendo incluso por encima de determinadas expectativas. Son, junto a Alfonso Herrero, el MVP de esta etapa (un síntoma), los futbolistas que mejor le han cogido el pulso a la categoría. Pero el Málaga necesita que esa adaptación se extienda. Su crecimiento dependía en buena medida de que los jóvenes que lo trajeron hasta aquí continuasen avanzando y esa evolución todavía no se ha producido de manera colectiva. Hay además una cuestión física que empieza a resultar evidente. No necesariamente de centímetros, sino de perfiles. Jugadores con jerarquía, oficio y capacidad para imponerse cuando un partido deja de jugarse bonito. Primera tiene muchos momentos así. El ejemplo de Nemanja Gudelj resulta especialmente gráfico después de haber estado tan cerca del Málaga. Su actuación en el Coliseum, dominando situaciones dentro del área y haciendo valer su experiencia, enseñó precisamente algunas de las vitaminas que le faltan ahora al conjunto blanquiazul. El salto de categoría también consiste en eso. En ganar duelos, defender tu área, castigar en la contraria y tener futbolistas que sepan qué hacer cuando el partido se ensucia. Al Málaga todavía le falta ese poso. Hay fases en las que puede manejar la pelota y discutirle el protagonismo a cualquiera, pero Primera termina llevando los partidos hacia lugares donde el talento necesita acompañamiento físico, oficio y contundencia. Los números ofensivos son seguramente los que mejor retratan la distancia. El Málaga apenas ha marcado tres goles y es el equipo menos goleador de Primera. Todavía más llamativos son sus 14 remates a puerta en siete jornadas, el registro más bajo de la competición. Dos por partido. Demasiado poco. El Málaga puede tener fases largas con balón, instalarse arriba y llevar la iniciativa, pero le cuesta una barbaridad transformar ese control en peligro verdadero. Tiene posesión, pero profundiza poco. Le cuesta romper, encontrar ventajas cerca del área y, sobre todo, finalizar. Funes insiste en que no piensa traicionar la identidad que ha llevado al equipo hasta Primera. Quiere un Málaga atrevido, protagonista y convencido de que la mejor manera de conseguir puntos es ir a buscarlos. No parece negociable. Otra cosa será ampliar el catálogo. La categoría irá obligando a introducir registros, a saber sufrir determinados partidos, correr cuando toque correr y entender que no todas las tardes permiten dominar desde el mismo sitio. Y después están las lesiones. Muchas y especialmente inoportunas. Calero sufrió el problema en las costillas, Ochoa recibió un golpe durísimo con su lesión de rodilla y Adrián Niño cayó antes de arrancar la competición. El problema se agrava cuando también varios de los futbolistas incorporados para elevar el nivel han tenido dificultades para entrar en dinámica. Aznou y Cajuste llegaron y prácticamente se encontraron antes con la enfermería que con el equipo. Son piezas fichadas precisamente para añadir nivel a una plantilla recién ascendida y todavía no han podido hacerlo. Se espera además la vuelta de Diego Murillo, jugador estructural en Segunda, pero que necesitará un proceso y ese alta competitiva. Otros jugadores como Pastor o Ramón todavía están a años luz. Berrocal dejó un tramo interesante en el Coliseum, Pablo Martínez está ofreciendo cosas y José Salinas aporta energía, aunque no mejora a Rafita en el lateral izquierdo. Juan Cruz tampoco ha conseguido ser todavía ese futbolista diferencial. No es una sentencia sobre ninguno. Apenas ha comenzado la temporada. Pero explica parte de lo sucedido: el Málaga que ascendió necesitaba ayuda inmediata y varias de esas ayudas todavía no han aparecido. El mercado de agentes libres permanece ahí. El Málaga observa y puede aparecer alguna oportunidad para reforzar el ataque tras la lesión de Julen Lobete. Cualquier jugador que llegue ahora necesitará tiempo y difícilmente transformará por sí solo el escenario. Hasta enero, con algún retoque puntual si aparece, esto es lo que hay. Y con esto debe competir el Málaga. El mercado de invierno ya permitirá tomar decisiones de mayor calado si son necesarias, pero quedan demasiados partidos hasta entonces como para esperar sentado. Funes dispone por fin del tiempo que llevaba semanas reclamando. Tiempo para recuperar cuerpos, ajustar mecanismos, introducir variantes y conseguir que el equipo pierda parte del agarrotamiento con el que está jugando. También para recuperar confianza. Hay futbolistas a los que se les nota la frustración de querer hacer cosas que hace unos meses salían casi naturalmente y que ahora Primera niega. Aquella frase de Loren Juarros sobre “quitarse los pelos rubios”... El Málaga necesita perderle la vergüenza a Primera, sí, pero no basta con soltarse. Necesita competir mejor, crecer físicamente, generar mucho más peligro y encontrar contundencia en las dos áreas. La clasificación todavía concede una paradoja. No puede ir mucho peor, pero tampoco existe una distancia irreparable. Una victoria puede cambiar de golpe el estado de ánimo, alimentar la confianza y sacar al equipo del agujero. En un grupo joven, una tarde buena puede tener un efecto enorme. Pero tendrá que llegar. Y después tendrán que llegar unas cuantas más. La referencia tradicional de los 42-45 puntos para respirar tranquilo recuerda todo lo que queda por hacer. ¡Diviértete cada día con tu pasión por el deporte! 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